Hoy no quiero pensar, hoy no quiero escuchar, hoy no quiero saber, hoy no quiero dormir, hoy no quiero sentir, hoy no quiero decir, hoy no quiero soñar, hoy no quiero existir.
Ese líquido... que sabe a recuerdos, que quema mi piel... que cae lentamente. ¿Recuerdas la vez en la que jugamos todo el día en el parque? había cientos de mosquitos, cada uno me susurraba al oído lo hermosa que lucías esa tarde, y se reían de mi, porque te lo dije y creíste que estaba loca. Cómo olvidar...!! La vez en la que vimos el atardecer sobre la arena, y el cielo parecía reflejar con nubes cremosas sabor naranja rojizo, tal vez una pizca de morado, lo feliz que era ese momento. Y el día en el que concluyó la casita de árbol que tanto anhelamos, pedimos tu comida favorita y al final brindamos con un buen vino, que volví a probar... después de la vez en que juré no lo haría de nuevo, pero en realidad el momento lo ameritaba. Aún no olvido, cada pastel de cumpleaños, eran tantas las velitas que podía bien parecer una fogata, o cuando apareció en ti tu primera arruga, te quejaste tanto... mientras que yo moría de la felicidad, por haber estado ahí mientras te veías al espejo, ...
No sé cómo, ni cuándo sucedió, ni siquiera tiempo de parpadear me dio... mi cerebro un tanto inconexo se quedó momentáneamente perplejo. Fue en ese instante en el que te sentí inesperadamente aquí; sin poder hacer nada, te deje fluir como un pequeño barco de papel a la deriva, y te vi derramar esa gota sabor necesidad y miedo. Y yo, que con tan inconmensurable imaginación, no dejé de idear situaciones inexistentes , pero es que es tu figura perpetua en mi mente, tal vez la manera en que te imagino, tan cabida y amoldable a mis manos, fácil de esbozar. Y he de nuevo en estos rumbos, tratando de escabullirme detrás de estas líneas, hoy para mí nada fue erróneo, sólo inoportuno .
Después de tanto recorrer bosques perdidos y olvidados, me sumergí en un largo viaje de situaciones ya vividas, el olor a tierra mojada, bañada en lágrimas y a hojas recién reencarnadas, me llenaba de una nostalgia tremenda, jamás sentida... era una nueva experiencia para mí, estar recostada sobre tanto deseo frustrado y buscar en las nubes mi utopía perdida, sólo pude cerrar los ojos con suavidad y lentamente suspirar, me dejé guiar por las esferas de luz atrapadas en mis párpados y el sonido del viento comenzó a cantarme con delicadeza hasta decirme palabras que apenas y podía entender, en ese momento me encontré, ahí estaba yo. Exhalé un profundo peso que llevaba sobre mi espalda e inhalé tranquilidad, sentí la hospitalidad de los árboles y la nobleza de la madre tierra que en ese momento me abrazaba y me permitía ver más allá de la penumbra con la que el mundo se mantiene cegado, me puse las manos en el rostro y sonreí. Ya debía de volver, mi lápiz y pluma esperaban con ans...
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